*—Ezra:
Después de que la mesera les tomara la orden y se alejara con una sonrisa profesional, Engel se acomodó en su asiento con deliberada calma y fijó la mirada directamente en Ezra. La sonrisa que curvó sus labios era cualquier cosa menos inocente. Callum imitó el gesto, inclinándose ligeramente hacia delante.
Ezra se encontró, de pronto, con dos detectives frente a él, dispuestos a diseccionar cada segundo de las últimas veinticuatro horas de su vida.
—Y bien —empezó Engel, cruzándose de b