*—Dante:
Todo en él estaba tan extraño.
Dante suspiró, llevándose el vaso de whisky a los labios. El hielo tintineó contra el cristal antes de deshacerse lentamente, y él giró el vaso entre sus dedos, observando cómo el ámbar del licor se movía como si pudiera encontrar en él una respuesta, pero no la había. Solo un vacío frustrante que le quemaba el pecho.
Desde aquel ataque de celos explosivo al ver a Ezra con Micah hacía más de una semana, Dante estaba al borde. Su mal humor era tan constant