*—Dante:
El silencio que quedó en la habitación fue denso, cargado de rabia contenida. Dante no dijo nada, solo apretó el vaso hasta sentir el frío del cristal clavarse en su palma. Su pecho subía y bajaba lentamente, y en su garganta un gruñido amenazaba con salir.
—¿Qué diablos pasa contigo? —preguntó con el ceño fruncido.
Ross soltó una risa ligera, levantando las manos como si no entendiera su enojo.
—Solo estaba conversando, viejo. No sabía que tu asistente era territorio prohibido.
—No lo