*—Ezra:
Después de unos largos minutos, Joseph anunció que ya se iba. Ezra tuvo que prometerle, casi jurarlo, que en verdad se marcharía a casa.
Sin embargo, cuando Joseph salió de la oficina y se fue al ascensor, Ezra no se movió. Se quedó en la oficina en silencio, con el peso del edificio cayéndole encima, y luego comenzó a recorrer cada rincón como si estuviera despidiéndose de algo más que un empleo.
Empezó por las oficinas de las chicas, que por las noches siempre estaban desoladas, ilum