*—Ezra:
No podían estar quietos sin desear comerse el uno con el otro.
Las manos de Dante bajaron sin dudarlo, apretando sus nalgas con firmeza. Ezra gimió contra su boca, separándose apenas para mirarlo. La expresión en el rostro de su alfa era pura hambre, sus ojos brillando con intensidad.
Sin romper el contacto visual, Ezra se levantó lentamente de su regazo y comenzó a desnudarse frente a él. Con cada pieza que dejaba caer, sentía el peso de su mirada sobre su piel, devorándolo, reclamándo