Las fotografías que acababa de recibir la madre de Marcelo no habían sido nada fáciles de conseguir. Al fin y al cabo, capturar una imagen nítida de alguien dentro de un coche en movimiento requería mucha habilidad. Sin embargo, para su familia no hacían falta pruebas visuales para confiar en Vivian; su apoyo hacia ella era incondicional y absoluto.
—¡Esa es la nutricionista que contraté para Vivian! —exclamó Marcelo, sintiendo cómo volvía a crecer en él la furia y la sensación de injusticia—.