— ¡Retira eso ahora mismo! — ordenó Alessandro en cuanto descubrió la noticia. Miraba la pantalla del teléfono con las cejas fruncidas en un profundo gesto de irritación.
¿Quién estaría tan aburrido como para apostarse en la puerta de su casa? Los paparazzi eran como una venda vieja y pegajosa: difíciles de arrancar y extremadamente odiosos. Probablemente seguían a Camila, y así fue como lograron capturar aquella escena comprometedora.
— Sr. Alessandro, ya me puse en contacto con los portales,