Alessandro quedó atónito por un momento. Al recobrar los sentidos, pensó que su mente le estaba jugando una mala pasada, pero respiró profundo para asegurarse. ¡Sí! Era exactamente ese olor.
El aroma a azahar era muy peculiar. Ya lo había sentido antes, pero siempre parecía equivocado, artificial. Sin embargo, la fragancia que emanaba de ese niño era la correcta. La nota auténtica que tanto había buscado. De inmediato, los sentimientos de Alessandro se convirtieron en una confusión de emociones.