Mientras comía, Lucca estaba completamente absorto en sus pensamientos. Al verlo así, el segundo hermano lo miró, y los dos intercambiaron una mirada cómplice. Normalmente, ese intercambio de miradas significaba que habían llegado a algún tipo de acuerdo silencioso.
Después de cenar, Lucca y el segundo hermano se quedaron en el cuarto. El menor preguntó en voz baja:
— Hermano, ¿qué pasó?
— Segundo hermano, ¿crees que mamá es feliz? — preguntó Lucca, el hijo mayor, con un tono pensativo.
— Hm, de