Luana frunció el ceño y un destello de desagrado brilló en sus ojos estrellados.
Le lanzó una mirada fría a Alessandro.
¿Con qué derecho creía él que podía darle órdenes?
Sin embargo, lo que había dicho era cierto. Los niños habían corrido toda la mañana y estaban realmente agotados.
¡Pero toda la culpa era de ese hombre!
Alessandro sintió de repente un escalofrío.
Luana lo estaba mirando con una mezcla de resentimiento y enojo.
Él simplemente estaba allí de pie, sin decir nada. ¿Cómo había con