Camila corrió hacia la cafetería y enseguida divisó a Alessandro sentado junto a la ventana. Su porte era tan excepcional que los transeúntes se paraban a admirarlo, creyendo que se trataba de un rodaje de cine. Algunas personas incluso se arriesgaban a sacarle fotos de lejos con el móvil.
Al ver la escena, Camila no pudo contener una sonrisa de satisfacción. Alessandro jamás miraría a esas mujeres vulgares; ella era la única a su altura. Se arregló la ropa, forzó una sonrisa dulce y entró despa