Héctor estaba absorto en su trabajo cuando escuchó la voz de Luana. Levantó la vista hacia ella y las comisuras de sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa. Su asistente solo había visto a Héctor sonreír en presencia de Luana; era un hermano extraordinariamente cariñoso.
—Ya estás aquí. Tendrás que esperar un momento, todavía no he terminado —dijo él, volviendo al trabajo.
Luana no dijo gran cosa, pues conocía bien su carácter. Como era de esperar, no tardó en dejar de teclear y volver