La expresión de Enrique se endureció y su respiración se aceleró. ¡Vaya mala suerte la suya, toparse con un adversario tan formidable el primer día de trabajo! ¿Acaso eso no arruinaría su reputación? No, tenía que pensar en algo.
De repente, Luana giró el volante y dio media vuelta, yendo directamente contra los perseguidores. Enrique se indignó:
—¿Te has vuelto loca? ¡Esa gente podría ser los Lobos del Desierto, la organización de asesinos más temida del mundo! ¿Y tú vas a enfrentarte a ellos