El tío Denis la había ayudado; aunque aquel tipo fuera irritante, no estaría bien dejarlo plantado en la puerta. Decidió que bajaría, lo invitaría a pasar, le ofrecería una taza de té y luego lo despediría.
Con la decisión tomada, Luana se puso ropa cómoda, se recogió el pelo en una coleta informal y bajó las escaleras sintiéndose despejada. Esta vez, Enrique había aprendido la lección y no volvió a tocar el timbre. Esperaba fuera con creciente impaciencia.
Poco a poco, sin embargo, fue perdien