Temiendo que los niños esperaran demasiado, Luana se cambió de ropa a toda prisa y fue a su habitación. El cuarto estaba iluminado por apliques de pared en cálidos tonos anaranjados, creando un ambiente acogedor. Los tres pequeños estaban sentados en la cama, medio dormidos, pero en cuanto vieron a Luana, sus ojos se iluminaron y saltaron de la cama llamándola.
—Lucas, ¿qué estás haciendo?
Lucas le remangó la manga a Luana y la examinó de arriba abajo. Ella sintió cosquillas y se echó a reír mi