Enrique lo encontró extraño; ¿por qué Luana seguía ofreciéndole té? ¿Sería que estaba preocupada porque había hablado demasiado y tenía sed? Sigue siendo tan atenta como siempre, pensó.
Aunque todavía estaba bastante caliente, Enrique agarró la taza, echó la cabeza hacia atrás y se lo bebió de un solo trago. Por puro instinto, le dio la vuelta a la taza boca abajo para demostrarle a Luana que no había dejado ni una gota.
Los tres pequeños ladearon la cabeza, intrigados. ¡Qué raro! Era la primer