No era de extrañar que Vivian pensara de esa manera, pues Luana solía estar perdidamente enamorada de Alessandro. En aquel entonces, parecía haber enloquecido por completo a causa de él.
Vivian, al ver los esfuerzos de Luana por complacer a su marido, sentía lástima y le aconsejaba que lo dejara. Pero Luana solo sacudía la cabeza y decía que amar a alguien era algo que le traía felicidad; no lo dejaría ir a menos que él la soltara. En aquellos días, sus ojos brillaban con una luz deslumbrante c