JADE AL-QALA
Los dos días siguientes fueron una agonía. Cada minuto se estiraba, cada sombra en el palacio parecía susurrar secretos, cada crujido de la madera sonaba a paso furtivo. Me sumergí en una rutina forzada, intentando mantener la compostura frente a Hassan, cuyas miradas ansiosas no me engañaban. Su preocupación, que antes me habría conmovido, ahora la veía con un filtro de escepticismo, ¿era por mí o por lo que yo pudiera descubrir?
Amina se mantenía cerca, su presencia un bálsamo s