JADE AL-QALA
Una sonrisa triunfante se dibujó en mis labios, un dulce eco del arduo trabajo que había desentrañado la traición. Había valido la pena.
Sentí el orgullo vibrar en mi pecho, y la mano de Hassan se posó sobre la mía. Su calidez, un bálsamo conocido, me envolvió, preparándome para lo que vendría.
—Bien hecho, Sultanati *Mi sultana*—susurró con una voz ronca de orgullo. Mi mano se enredó con la suya, una promesa silenciosa de apoyo inquebrantable.
Hassan se alzó frente a Rashid, su i