HASSAN AL-ÁSAD
Observé mi reflejo en el espejo de la habitación. Como siempre, vestía mi traje negro, cortado a la perfección, y mis zapatos lustrosos. Hoy, el Thobe cubría mi cabeza, un adorno ceremonial que rara vez usaba, pero que hoy se sentía apropiado para la farsa que nos esperaba.
Hoy era la reunión que mi mujer había solicitado, un encuentro con todos los miembros de las demás regiones. Cada vez que mi mente se detenía en esa maldita cita, la ira burbujeaba desde lo más profundo de mi