JADE AL-QALA
Me encontraba en la habitación, aún en la cama, mientras el doctor Said revisaba minuciosamente el golpe en mi cabeza. Por algunos segundos, podía notar cómo su mirada se desviaba a mis ojos, pero en cuanto nuestras miradas se cruzaban, él desviaba la suya rápidamente, consciente de la tensión palpable.
El aire en la habitación se sentía denso, pesado, y todo eso era gracias a Hassan. Él permanecía con el ceño tan fruncido y la mandíbula tan apretada que juraría que en cualquier m