JADE AL-QALA
Tardo unos segundos en llegar y al hacerlo abro la puerta y entro como si fuera la dueña; lo observo sentado en su silla con esa imponencia que lo caracteriza y que me doblega.
—¿Tan rápido me extrañaste, Rohi? —comenta sin despegar la vista de unos documentos.
—¿Cómo sabías que era yo? —preguntó.
—Porque eres la única que se atrevería a entrar a mi despacho sin tocar —responde con una sonrisa.
—¿Te molesta que lo haga? — llego hasta donde está sentado. Él hace su silla para atrás