JADE AL-QALA
Cuando regresé a nuestros aposentos, Hassan estaba allí, esperándome. Me observó desde la puerta, con ojos atentos y llenos de amor, sin decir nada, sabiendo que algo había cambiado profundamente en mí. Se acercó despacio, manteniendo su distancia al principio, pero con esa ternura que ya había empezado a sentir de nuevo en él, esa que me hacía sentir segura y cuidada.
—Fuiste a verla —dijo, no como una pregunta, sino como una afirmación llena de respeto y comprensión.
Asentí, sin