JADE AL-QALA
Pasaron las semanas lentas, pesadas como el plomo, pero poco a poco, el aire del palacio dejó de sentirse tan sofocante. Mi cuerpo ya había recuperado todas sus fuerzas, pero mi alma seguía llevando una herida que parecía imposible de cerrar. Durante días me quedé en mi habitación, mirando al techo sin ver nada, sintiendo que una parte de mí se había quedado allí, con Amal. Sin embargo, algo dentro de mí comenzó a cambiar: no era el olvido, ni el perdón todavía, pero sí la aceptac