HASSAN AL-ÁSAD
Se inclinó hacia mí, llena de fe y de amor, esperando que yo fuera su refugio, su verdad, su seguridad en medio de todo. Y yo sabía que tenía que ser quien le clavara el cuchillo más profundo que existe en el pecho de una madre.
Solté sus manos despacio, con un dolor que me partía el pecho, y pasé mis dedos por su cabello, acariciándola como si fuera lo más valioso del mundo, mientras mis lágrimas corrían libremente por mis mejillas sin que pudiera detenerlas.
—Habibti mi amor… —