HASSAN AL-ÁSAD
El sol volvió a salir, brillante, indiferente y cruel, colándose por las ventanas altas del pasillo e iluminando un mundo que seguía girando con su ritmo frío y ajeno, como si yo no hubiera perdido todo lo que era sagrado para mí.
Había pasado ya una semana desde aquel día en que sentí que se me rompió el alma. Una semana que se alargó como un siglo, llena de silencio, esperanza fallida y un dolor que se iba haciendo más pesado cada hora. El palacio entero respiraba con la misma