HASSAN AL-ÁSAD
Me puse de pie despacio, con las piernas temblando pero con la determinación de un rey que está a punto de dar la orden más importante y definitiva de su vida. Jamil se levantó a mi lado, bajando la cabeza, respetando el momento. Said me miraba, esperando, con la pena reflejada en cada rasgo de su cara.
—Ella me pide que salve a nuestra hija… —dije, y mi voz sonó grave, firme, aunque cargada de un dolor inmenso—. Ella me pide que la deje irse a ella, que acepte su sacrificio, qu