JADE AL-QALA
Cuando terminamos, me sequé gran parte del cuerpo yo misma, con la toalla grande y suave, solo dejando que ella me ayudara a secarme bien el cabello y a llegar a las zonas más difíciles.
Luego pasamos a la parte más bonita: la preparación. Ella tenía listo el frasco de esa crema que a Hassan tanto le gustaba, y el camisón precioso que Malak me había regalado. Tomé un poco de crema con mis propias manos, la calenté frotándola entre mis palmas, y empecé a extenderla por mi piel: e