HASSAN AL-ÁSAD
Escuché las palabras del médico, claras, tranquilas, definitivas: Es una niña.
Por un instante, el tiempo se detuvo, y todo lo que había a mi alrededor se desdibujó. Ya no vi al doctor, ni la habitación, ni nada más que el vientre de mi Sultana, esa curva redonda que había acariciado mil veces con amor, con esperanza, con la ilusión de que allí crecía el futuro. Y ahora… ahora sabía la verdad.
Mis manos se cerraron a los costados, mis puños se apretaron con tanta fuerza que sent