JADE AL-QALA
Cuando lo veo acercarse a mí en el salón, con esa sonrisa tierna y esa forma de mirarme que ya no me incomoda, sino que me resulta familiar y segura, decido preguntar, solo por oírle inventar otra de sus razones.
—Hassan —digo, cruzando las manos sobre mi vientre, con calma, sin rastro de la antigua frialdad, pero manteniendo siempre esa pequeña distancia que nos separa—, necesito que me expliques algo. ¿Por qué de un día para otro todo en este palacio es azul? ¿Se ha prohibido el