CAPÍTULO 75. UNA MÍNIMA ESPERANZA
Eran las 3:00 am cuando Antonella se removía inquieta, su corazón latía acelerado, al revivir la misma pesadilla cada noche, una gran cantidad de lágrimas se acumularon en sus párpados y de pronto los abrió de golpe.
— ¡Iker! —mencionó llorando, tomó su almohada y la abrazó con fuerza.
De pronto una extraña agitación la hizo centrar toda su atención en el pequeño vientre que se le estaba formando. Se llevó ambas manos a su estómago y deslizó sus dedos.
—Perdón por olvidarme de ti —dijo con voz