CAPÍTULO 37. A TU LADO
Sabina se echaba con ambas manos agua en el rostro, luego de que se tuvo que parar durante la madrugada en un par de ocasiones para volver el estómago. Al enderezar su cuerpo, la chica distinguió frente al espejo, las enormes ojeras que tenía, al no haber podido conciliar el sueño.
—No puedo estar embarazada —susurró—, no puedo tener un hijo de ese asqueroso hombre. —Sus manos temblaron y a su mente llegaron algunos momentos cuando estaba a solas con él, de inmediato volvieron las náuseas. — ¿Q