CAPÍTULO 38. CASA LIMPIA

En cuanto ingresaron a la habitación de su casa, Antonella le ayudó a quitarse la ropa a su esposo con mucho cuidado. No pudo evitar enfocar su mirada en su abdomen y su pectoral. Contuvo el aire al observar las grandes marcas rojizas, que comenzaban a teñirse de azul violáceo.

—Estás tan golpeado. —Desvió su mirada.

—He tenido peores momentos. —Ladeó los labios—. No te preocupes por mí, pequeña, estaré bien.

Antonella enfocó sus ojos en los de él y se reflejó en aquellos misteriosos ojos col
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