La cabeza de Aaron latía con violencia, como si un martillo golpeara el interior de su cráneo. Dejó escapar un leve gemido y abrió los ojos con esfuerzo. La luz del techo fue lo primero que vio. Era una habitación desconocida.
—¿Ya despertaste?
La voz suave hizo que Aaron girara la cabeza de inmediato, aunque el mareo volvió a golpearlo. Rose estaba sentada en un sofá en un rincón de la habitación. Su rostro reflejaba cansancio, pero también alivio.
—¿Dónde estamos? —Aaron intentó incorporarse,