El tintineo de los cubiertos contra los platos rompía el silencio del comedor aquella mañana. La luz del sol entraba por los grandes ventanales, pero no lograba aliviar el ánimo de Rose.
Suzannah dejó su taza de té sobre la mesa con un poco más de fuerza de la necesaria. Sus ojos iban de Aaron a Rose con evidente entusiasmo. Había algo que claramente estaba deseando decir.
—Entonces... —comenzó Suzannah, mirando primero a Aaron y luego a Rose con una amplia sonrisa—. Ya pasó un mes desde que te