El restaurante estaba bien iluminado y no había demasiada gente. El ambiente era lo bastante privado para una cena tranquila, solo para Rose y Matteo.
Comieron en silencio, como si entre ellos se hubiera abierto una enorme distancia.
—¿Está rica la comida? —preguntó Matteo, rompiendo el silencio.
—Sí. —Rose asintió—. Y además es saludable.
—Si no te gusta, podemos buscar otro lugar.
Rose soltó una risa suave, una risa que alivió de inmediato la tensión. Señaló su plato, que ya estaba casi vacío