Maya solo lo miró, completamente sin palabras.
La mente de Maya corría sin control.
Intentaba procesar todo lo que sentía. No sabía qué decir. No sabía cómo reaccionar.
Una parte de ella se sentía atraída por la intensidad de Antonio, pero otra se sentía sofocada por su control.
—Antonio, yo… —susurró.
Pero él no la dejó terminar. La tomó de la cintura y la acercó a él. Sus ojos ardían con una pasión feroz. Sus labios rozaron los de ella, enviándole un escalofrío eléctrico por todo el cuerpo.
M