Elena
—¿Quieres esto? —preguntó, sus ojos en los míos.
—Quiero.
—¿Incluso sabiendo que alguien puede entrar?
—Mejor aún.
—¿Incluso sabiendo que puedo hacerte daño?
—No lo harás.
Me besó otra vez. Más profundo. Su mano bajó a mi muslo, subió por debajo de mi vestido, apretó mi carne. Yo me aferré a su cabello, tiré, gemí dentro de su boca.
—Quítate esto —pidió, tirando del vestido.
Levanté los brazos. Él lo quitó. Mi cuerpo quedó desnudo de cintura para arriba. Sujetador de encaje negro —el únic