— Mi silencio profesional tiene un precio alto, muchacha. Un beso en la mejilla al final del turno.
Me reí de su broma y le lancé un beso al aire.
El cine fue... bueno, totalmente meh.
Pedro era la personificación de la amabilidad. Extremadamente simpático, educado, insistió en pagar las palomitas grandes y el refresco. Durante la proyección de la comedia romántica, reunió valor e intentó tomarme la mano en la oscuridad de la sala. Lo dejé. Su mano era suave, un poco sudorosa por los nervios.