Desconcertado, pero con la memoria fresca en el momento en que quiso esquivar el camión que había invadido su carril, Mario primero sintió una punzada de dolor en el brazo fracturado, pero en nada semejante a la desconsolación que lo embargó cuando se supo solo, en medio de la oscuridad de la habitación de un hospital.
«Seguro todavía no se ha enterado de lo que me pasó», pensó Mario luego de hacerse una explicación del motivo por el que no había nadie con él en ese momento. «Aunque también me