Rebeca ingresó a la habitación con la furia de un torbellino y sus labios lograron entreabirse, próximos a expulsar la rabia que había estado conteniendo desde el momento en que llegó al colegio de los trillizos y no los encontró, cuando su mirada se topó con los cuatro pares de ojos infantiles que la escrutaron.
—¡Qué significa esto! —exclamó Rebeca al ver a los trillizos rodeando la cama de Mario.
—Los trajo Pedro —mintió Mario—. Al parecer, mi asistente no soportó por mucho más tiempo mant