La entrada del sol por la ventana de la habitación del hospital golpeó el rostro de Luisa, despertándola. Debió esforzarse unos segundos para recordar dónde estaba -y con quién-. Cuando la vorágine de sucesos de la noche anterior acudió a su mente, la joven no solo recordó lo bien que se había sentido de tener a Mario a su lado y, pese a haber sido pocas horas, lo bien que durmió, pero todo porque tras el suceso del accidente se había olvidado por completo de lo que atormentaba su corazón.
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