―¿Estas bien amigui?.
―Si. ―la miro forzando una sonrisa. ―Solo… no me gusta recordar lo que pasó.
―Tú tranquila, ya veras que pronto vas a ir subiendo como yo, aunque, con el trabajo que ya tienes ya me has superado. ―no hay maldad ni doble sentido en sus palabras, siempre es amable y sincera conmigo. ―Vamos, esta noche, yo invito las copas.
―No. ―recuerdo lo que me dijo mi jefe. ―Voy a salir de la ciudad con el presidente.
Me mira con maldad.
―Ay amiga… ―me codea.
―No es eso. ―ruedo los ojos.