Llegamos a la azotea, la brisa fría me hizo arrugar la nariz, pero traté de mantenerme al margen. Mi deber era ser fuerte y tenía que serlo. No podía seguir siendo débil frente a él. Mi mente estaba en otro lugar, así que no me di cuenta de que Sasha pasó sus manos por mi cintura. Estaba detrás de mí, haciéndome sentir cálida.
—lyubov, ¿a dónde se fue tu mente? —el suave susurro de su voz me hizo erizar la piel.
—Mi mente está aquí. Nunca se ha ido —miento, estoy estresada y realmente tengo la