Echo un rápido vistazo al lugar y casi debo esconder mi terror cuando Gio botó su jugo de naranja, en la alfombra millonaria traída por Aladín. Lauren y yo salimos corriendo a donde estaba nuestro pequeño Tasmania.
—Yo no fui, se resbaló de la mesa —alza sus manitos con inocencia, dejando caer el vaso al suelo—. El jugo no acepta que soy hermoso.
La risa al fondo de la sala se escucha cuando Gio se excusa. Estamos en el ojo del huracán y sí, todos aman a mi pequeño, pero eso no lo hace más senc