Selene
La mañana llegó como de costumbre, iluminando la habitación a través de las cortinas del ventanal. Desperté enseguida y me levanté de la cama con prisa, intentando ganarles a las mucamas que siempre entraban sin permiso a mi recámara. Corrí al cuarto de baño, y cuando comencé a desvestirme para asearme, las tres chicas entraron saludando tan alegres como siempre:
—Buenos días, su majestad.
Entorné los ojos con fastidio. ¿Acaso toda la vida sería así? Ya estaba harta de ser tratada como u