Ilan
El cuerpo tembloroso de Selene ardía como lava entre mis brazos. Sus ojos estaban cerrados y sus labios apretados en una fina línea entre sus dientes. Estaba sufriendo, y eso me hacía sufrir.
Sabía que algo no iba bien cuando partí con mis hermanos hacia el bosque. Todo mi ser gritaba «no te vayas. No la dejes», pero me obligué a pensar que se debía a que nunca la había dejado sola. Ni una sola vez desde que nos unimos.
Verla en esas condiciones despertó todos mis miedos y por un momento m