Selene
—¿Ya vas a decirme para qué hiciste todo eso con la navaja? —pregunté a Ilan, observando mi mano y la herida que había dejado de sangrar.
Estábamos recostados en la hierba a la orilla de la laguna después de haber unido nuestras almas y nuestros cuerpos de todas las formas posibles en las que dos personas se pueden fusionar. Ilan suspiró pesadamente, haciendo que su pecho se elevara y con él mi cabeza. Mis manos no podían estar quietas mientras se deslizaban por el abdomen esculpido de m