Capítulo XXIII

Selene

No pude evitar tragar saliva al escuchar su amenaza tan específica, y asentí bajando la cabeza sin pronunciar palabra. Desde luego que me aseguraría de que nada le sucediera al pequeño Turik. Me gustaba mi piel justo donde estaba, gracias.

Seguimos recogiendo a cada lobito y cuando estuvimos completos fuimos directo al huerto de hortalizas. Los pequeños se divertían sacando zanahorias de la tierra, mientras que mi mente se encontraba lejos, muy lejos.

—¿Pasa algo? —preguntó la joven loba
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