No había luz solar que penetrara las altas ventanas y la iluminación artificial bañaba el recinto en un tono frío y despiadado. Me senté junto a Massimo, en la misma mesa que el doctor Rossi, sintiendo el peso de mi fracaso como una armadura oxidada. Dalton me había pedido información o al menos algo que ayudase a exonerar a mi padre. Prometió ayudarme siempre que buscara los documentos, pero lo único que encontré fueron rayaduras y polvo.
Massimo me sostenía la mano y su pulgar acariciaba rítm