La luz de Milán, filtrada por los ventanales de mi apartamento minimalista, siempre era gris. Me había asegurado de que así fuera y que mostrara parte de lo que tenía por dentro.
El beige del sofá, el blanco inmaculado de las paredes, el orden geométrico de los libros de Historia del Arte y Gestión Cultural; todo estaba dispuesto para la contención. Siete años desde que tiré Yo Robot a la basura y prometí no volver a ser esa niña caótica. Siete años desde que vi por última vez a mi madre.
Aless